Archivos de la categoría ‘Prosas’

Ejercicio XVIII

Noviembre 14, 2006

Es natural su inconformidad, piensa, refiriéndose a sí mismo. El pobre, un macho, sufre, hoy, la costumbre de su presente y una fisura. En días así, llenos de vanas ideas, prefiere encender la radio y callarse. Son días, por supuesto, que no trabaja como es debido para la buena conciencia, días que habitan bien pintados en la memoria compartida: la tarde de sábado, casi siempre; y todo el día de su lento domingo.

-Mañana, hoy no. Estoy cansado. No quiero.

Es un pesado, un plomo, piensa y llora, después de colgar el teléfono con su rabia de mujer. Ella lo quiere o, por lo menos, se ha hecho la idea de que a alguien se debe querer. Piensa en los hijos, que alguna vez soñó, buscando la tranquilidad en la nostalgia por el futuro; pero acaba cansándose y le vuelve la rabia de mujer.

Ejercicio interior

Noviembre 8, 2006

La abuela tiene edad aún para estas cosas y eso nos conviene ¡flojos! y camina al menos y no está tullida como el viejo y puede destapar el baño único de la casa porque nosotros jamás hemos proyectado el rebose y por esos echamos el papel en la taza como si fuera azúcar y todavía ella lucha con el sopapo y con la vejez y ni se puede la diabetes que la trae con miedo ¡mucho miedo! por su dedo que está hinchado con una herida bien roja y no quiere perder su pierna por supuesto quién querría perder su pierna ni joven ni viejo qué haría yo sin correr ni saltar con los deportes muertos la vida estaría coja y su hija que es mi madre diría por qué no te cuidaste lo que dijo el doctor pero con suerte este agosto muere el abuelo y descansa la abuela de sus rezongos y podría dormir hasta muy tarde con el desayuno en la cama que le encanta traído por la empleada humilde que le encanta manduquiar hasta en las horas extras que no le paga que según dice mi tierna vieja son su deber pero es una vieja mandona que destapa el baño y que de seguro está llorando antes de subir a su cama vetusta y su pieza vetusta que amanece dulce con olores tan frutosos que no se explican como olores de vieja ¡mi vieja!

Ejercicio XVI

Octubre 24, 2006

Después de ganar el Premio, un premio ya último, estas licencias en general son bien recibidas por los lectores. Un escrito casi póstumo y de tema baladí, pero bajo mi pluma, será considerado –espero- como anécdota que humaniza a quién se ha esforzado, ya por muchos años, en la tarea de crear una imagen intelectualmente perdurable.

Es muy conocido ahora -sino en todos, en cuantiosos lugares- mi afición original a cierta contemplación rara y moderna, de cualquier índole sin mediar un juicio a priori. Como bien dije -y no me avergüenzo- en un texto mío y famoso: “el prejuicio es un tipo de ceguera, y peor, voluntaria”.

No desconozco que la edad, el éxito tardío, o un esfuerzo fructífero prolongado en los años han puesto en mí argumentos demasiado cotidianos, demasiado personales, contrario a la tendencia natural de mi oficio: pero, ¿será posible, será permitido, a un viejo solo y bien conocido, este tipo de mañas, más o menos bien escritas?

Sucedió en una tienda, pero no me parece adecuado hacer referencias precisas en asuntos de tiempo y espacio; resultaría un atentado contra mi literatura querida, que he perfilado eterna y mayormente ubicua. En esto soy coherente, según me aplauden mis críticos más amigos. Pero como iba diciendo: todo sucedió -no será difícil de imaginar en una sociedad consumista- en la sección femenina de una tienda de ropas; allí, donde se venden chaquetitas y faldas con los colores de la última moda, que luego las mujeres llenaran con sus desproporcionadas blanduras. Es frecuente en ese tipo de lugares, y yo creo que ustedes lo han notado, hallar hombres adustos acompañando a damas hermosas; o -en el fondo las cosas dan igual- pero es menos común, hallar mujeres adustas acompañando machos vanidosos. Y todo lo anterior, sin importar el caso específico, es un lugar perfecto para un escritor como uno, ya seriote por acción del tiempo; y digo bueno por los contrastes maravillosos que allí se ven, por las apariencias que se pueden comprar, etc; contrastes que pueden nutrir obras magistrales si se ha tenido el privilegio de la inventiva; apariencias vanalmente estéticas; y sólo basta con cierta lucidez literaria para su buena disposición en la obra. Fue así, en estas circunstancias, como forjé la idea de mi próxima novela, ya con el tono de autor consagrado y para la cual reuní mis materiales (los que mencioné) de una sola mirada.

Ejercicio XXI

Octubre 2, 2006

Guajardo Martínez fue hoy formalizado por cargos de violación. Según las versiones de prensa recién construidas, el acusado (y culpable) Guajardo Martínez, procedía al ilícito ejecutando un modus muy deportivo: montado en una bicicleta de colores llamativos, engañaba a sus victimas haciéndolas creer celestinas entre él y una novia, que jamás, oh tristeza, fue vista.

-Quiero que le entregues esta carta…-decía.

Las inocentes accedieron casi siempre, y subían al biciclo con total convencimiento de ser acercadas al lugar de la supuesta misión de amor. Durante el trayecto, generalmente breve, según relatan, eran tratadas con sicótica ternura; pero el destino final, mala cosa, fue en todos los casos un sitio muy baldío, abarrotado de muy lujuriosos y muy destemplados pastos. Una vez allí, metódicamente, cuentan, procedía a violarlas como quien hace el amor.

Ejercicio de simultáneo infinito

Septiembre 28, 2006

En algún país el reloj indica las diez con treinta, y Andrea hace ejercicios de matemáticas: en parte para matar su delicada sensibilidad, criticada por su exnovio, y en parte para probar sus habilidades lógicas que cree dormidas.
En algún país el reloj indica las once con treinta, y Carlos…

Ejercicio del viejo realismo

Septiembre 9, 2006

La suciedad de tres días pegada al pelo, lo hizo insoportable incluso para sí; su piel morena ya daba sebosos brillos, y sus poros veíanse más profundos. Era hora de un baño, sin duda; y en aquella habitación tan íntima ha de ocurrir, como es natural, su ritual más íntimo: esa ceremonia vanidosa de duplicar el cuerpo en los espejos. Es que le encanta mirarse en ellos con parsimonia, y notar sus progresos y disprogresos.
Hoy cumple su rito en la pensión, frente al espejo familiar, de marco oval (de color blanco y madera noble), en el que se han visto ya varias generaciones. Él luce alto y bien erguido; pero sus carnes, sobre todo las del pecho y los grandes muslos, ya no están tensas ni duras; al contrario, y a pesar de la suciedad, lucen algo pálidas y algo bolseadas.
Cuando está desnudo al completo, mirando, se fija en su cuerpo; lo sopesa, delicado, y le prodiga absurdas caricias. Observa con frecuencia su miembro, una y varias veces; lo estira, lo desarruga, para luego dejarlo caer sobre el escroto, aún más vetusto.
El baño, en estructura, no es más que un cuadrado de tres dimensiones abaldosadas, que después de la ducha dejan correr innumerables gotas de agua. Una tina de color canela, un retrete de color canela y un lavamanos, completan serviciales lo blanco del espacio.

Ejercicio XIII

Julio 23, 2006

Lo primero que recuerdo de mi padre, el eje de hoy en mi semblanza, autobiográfica en el sentido triste, es su acostumbrado silencio que jamás me molestó e incluso nos unía, además del ruido empeñoso de su motosierra, con la graciosa manera de impredecir la caída de los arboles, que destartalaba a mi hermano y yo de risa en el suelo, y que finalmente terminó matándolo. Mi padre era enfermero, excusa que nunca le valió para eximirse de “mis labores forestales”, aplaudidas y alentadas por mi madre, que pese a nacer allá en el sur siempre fue muy friolenta. No mencionaré las culpas y dolor que sufre en el presente la mujer que adoro tanto.Luis, era su nombre, sepultado bajo un apodo lleno de entrometimiento, del que también no diré nada, condenándolo. De sus gustos personales de juventud, que dejando espontáneamente de lado su costumbre nos contaba, ya casi inverosímiles de su boca, quiero rememorar su devoción a mi madre, que finalmente pasó, y también su pasión por el fútbol campesino, como afamado arquero de baja estatura, habilidad que los años no disminuyeron y heredé. Aun mantengo nubosamente frescos sus poemas épico-morales, de temas campesinos, que guitarreaba muy bien en las reuniones de familia.
Él, mi padre, Luis, ya no está con nosotros pero agoniza en la memoria, como un recuerdo prioritario y débil.

Ejercicio IX

Julio 11, 2006

Somos hermanos y debemos entender o sentir esto que es perpetuo; seremos hermanos mientras algo nos sea común; esencialmente, hermandad es compartir un algo. Debemos entenderlo muy bien. Quizá sea posible crear un catálogo o listado con esos algos que se comparten y en base a eso definir quienes son nuestros hermanos y quienes no. Pero ese catálogo o listado no estará exento de arbitrariedad y un mínimo egoísmo. Algunos conocidos atentos me han sugerido que encuadrar la hermandad a sólo un compartir es ser reductivo, pero como vicio. Y con amabilidad agregan un ejemplo muy divertido: “podría considerarse que somos hermanos de las plantas, ya que compartimos la misma unidad genética”. Yo les digo que tal afirmación es lejana al error y que puede explicar el actuar protector de los ambientalistas y el cariño por los animales. Ellos se ríen. Para terminar (no se ha agotado la discusión, pero sí el expositor) y para que nos vayamos pensando a casa, quiero destacar una de esas verdades universales que flotan en el aire y que puede ser iluminadora (y también terrible) para la cuestión, dice así: Hermano es el primer asesino. Es un verso de Alejandro Ezra, uno de mis amigos.

Ejercicio en rosa o anécdota del sentimiento

Junio 22, 2006

Si ella es muy linda, como es el caso, se debe decir ella es preciosa; preciosa con maquillajes y aun más hermosa sin ellos. Hablo de una mujer, pero no de cualquiera. Su pelo, común y reiterado en muchas descripciones, es castaño, a veces negro, pero siempre liso como de secretaria. Sin embargo, la mayoría de los hombres recibe un espasmo con la ese ajustada de su figura. Como es ya evidente para el lector, me enamoré de ella antes de la primera vista; y ahora digo, exagerando un poco, que ella es mi Destino y algo más. Incluso, ya que gusto de escribir, lo hago sin escrúpulos en los baños públicos: “Dios pasó a un segundo plano”, anoto, aludiendo herméticamente a ella. Reconozco que su carácter no presenta demasiada novedad y posee todas las mañas femeninas y las aficiones, pero aún así en los pocos momentos que estoy con su cuerpo una alegría musical me invade; a veces, por ejemplo, al compartir una banca el simple roce de un hombro puede detonar el efecto, siempre más grande que su causa. Yo no estoy seguro si hay razones para estar así, como se dice en el abarcador estilo de los enamorados. A veces, intentando explicarme, esbozo teorías en las que articulo, por ejemplo, su risa rara y perfecta con su coqueteo incansable e inocente; pero la respuesta nunca es satisfactoria y me agoto siempre en el intento. Reconozco también que disfruto pensando en ella, como un juguete para mi intelecto, y, por su puesto, para mi sexualidad solitaria. A veces la hallo en nocturnos sueños, con un dejo de pena y algo de ganas, y con una moral distinta.

Ejercicio IV

Junio 15, 2006

En una espalda muy bonita no siempre hay un bello rostro; pero no es el caso, supongo, por las afables miradas de los hombres al pasar frente a su semblante. -¡Llenas de curiosidad mi camino de tarde!- Imagino su rostro, que ha de ser blanco, y muy posible, empolvado y perfecto para su cabello negro y lustroso, para su nariz fina sobre una sonrisa que todo lo inundaría, a tono con su jeans insinuador de geografías que analizo, con sus bordes estilizados de jabon dulce y su hipotética desnudez. Sin embargo, creo, me serán imposibles sus ojos: ella camina ahora lejos, despreocupada del deseo inquieto que deja, porque he llegado a mi puerta, y esto es inexorable.