Archivos de la categoría ‘Ensayo’

De la felicidad y su contemplación

Diciembre 7, 2006

Resulta, entonces, que algunas cosas sólo pueden ser vistas, como la felicidad. Desde un segundo piso, por ejemplo, veo estudiantes, alegres, bromeando y riendo mutuamente: es la felicidad, me digo, en alguna de sus formas, son felices. Pero, al momento de buscarla de forma egoísta para mí, para asirla del codo sobre mi pecho y susurrarle, se esfuma. En la televisión, a veces, la representan algunos actores con éxito o, de manera perniciosa, algunos avisos publicitarios la evocan y la asocian con algún producto, y me llega de inmediato la melancolía por el futuro, la quiero, me digo. Pero, la felicidad podemos verla, imaginarla, y nunca viene al cuerpo, no se nos queda en la sangre sucia.

Del valor literario, Microensayo

Diciembre 4, 2006

Hoy hice intento, como es mi ociosa costumbre, a escribir un poema. La primeras líneas versaban Tu beso tenue y fresco, como la lluvia: líneas en evidencia harto vanas, superfluas, si hasta melosas. Me detuve de inmediato, como era de esperar mesura, anticipándome a una pueril composición y reflexioné. “Resulta, pues, Miguel, que escribir no es más que un acto de adivinación y probabilidades”, me dije. “Se trata la cuestión de, mediando el lenguaje, tratar de adivinar lo que el otro (en los casos modestos) o los otros (en asuntos de peces gordos) quieren escuchar. Entonces, un escritor es un tipo dedicado con ahínco profesional a persuadirnos de que es el mejor diciendo“. Luego, no pude explicarme cómo la sociedad mundial ha tolerado tantos años de Literatura Universal y cómo eleva ídolos tras ídolos si decir es la actividad más simple y universal, análoga a respirar o el latir del corazón. Después redacté la segunda línea, aún más vana y culposa.

El juego de los poemas numéricos

Agosto 30, 2006

El tema ya ha sido sugerido: por los famosos papelitos surrealistas en Francia y por el nacional de literatura chileno Miguel Arteche, en su Llaves para la poesía; también, en el libro Juventud del sudafricano Coetzee, donde un computador erige electrónica poesía. Hoy sólo reverbero aquello, pues, mi propuesta es sólo una diversificación peculiar de todo lo anterior. Me considero, con humildad, uno más de ésa anacrónica generación de poetas aleatorios.

El asunto es bien simple que hasta dan ganas de llorar sobre el ámbito de trabajo, y que no es otro que la matemática artística. Se trata una vez más de la variación, procedimiento que venero, pero llevada matemáticamente a la hipérbole sintáctica. Ha ese ejercicio inquietante e instantáneo, lo he llamado Juego de los poemas numéricos:

1)un pájaro felino
2)viene a cantar 3) en cada semilla
4) el amor
5) a 6) su gata voladora.

Los atentos, ya están percatados de la numeración, que viene a ser esencial; lo otro esencial es la combinatoria de los fragmentos numerados; ambas esencias producen magnifica poesía, y en el peor de los casos un poco de fama. El lector lúdico, con un mínimo de energía (es un juego moderno), debe únicamente combinar para sentirse satisfecho de una labor creativa. Por otro lado el lector académico y amante de la hermenéutica, puede intentar una interpretación de los nuevos poemas que ya he creado: 2)4)3)1)5)6) o 3)4)2)6)5)1). Para terminar diré que un cálculo preciso señala 720 poemas posibles y, como verán, que ya soy un autor muy prolífico.

Literatura y elogio, microensayo

Abril 25, 2006

Cada vez que una persona realiza el deferente gesto de indicar “me ha gustado el poema” me viene de súbito una alegría y un pudor inmensos, y ambas emociones siempre me son de agrado. Nietzsche dice que el pudor es rico en invenciones, por lo tanto apropiado para escritores. Por otro lado la alegría es siempre buena por inmediata, por el hecho indescriptible de estar alegre simplemente. Incluso a veces se escribe por puro hedonismo, por la emoción pura, que viene de la lectura de buenos escritores o la escritura de buenos poemas. Ya lo dijo Borges antes que yo: “el hecho estético es algo tan evidente, tan inmediato, tan indefinible como el amor”. Mi manera más radical de pensar, sin embargo, consiste en entender la poesía o la escritura como una de las formas del apareamiento; es muy posible, según el modo de Escoto Erígena, comparar la actividad del poeta con la extensión del plumaje tornasolado del pavo real, que es una emplumada forma de seducir a la hembra. Sin duda toda actividad literaria es un trabajo de presumidos, pero un trabajo inmediatamente hermoso y placentero de presumir.