hoy me levanté con la pata izquierda
por eso uso la derecha para aplastar
y tu eres el insecto de turno
ahí está tu sangre verde
desparramando la tibieza del ayer
hoy me levanté con la pata izquierda
por eso uso la derecha para aplastar
y tu eres el insecto de turno
ahí está tu sangre verde
desparramando la tibieza del ayer
Estoy al tanto de mis odios, mi hermano.
Les saco a pasear en auto por el derrape.
Estoy al tanto de fracturas en la mano del perro
y alcanzo la fidelidad de su cojera coja.
Estaciono el carro junto a mis rabias.
Rabia, ve, estaciona el carro y no ladres.
Un tratado en manos jóvenes enciende el megáfono.
En tonos ocres de fachada elegante:
triste a Cristo! divisor a Cristo!
fornicario, fornicaria: a Cristo!
Escucha: oye sin perder el tiempo.
Toma tu voluntad: arrójala al cielo!
En el verano hacia algún lugar escapan las existencias:
bajo el agua, en las arenas, en muertes fogosas.
Y no falta el atrevido un poco solo,
que atisba, demasiado temprano, evocando el frío,
que el invierno, nos resucita a todos.
Hoy: sudar como plantas. Amar como ellas.
En abrazos enredados de trepadora.
Escondernos, debajo, dentro, a un costado,
sobre: socavando en el otro la raíz del amor
Un hombre pide perdón bajo una puerta.
La puerta dice ser su mujer.
Este no le cree, claramente,
y pide perdón por su falta de fe.
La esposa está pensando.
A veces llega un circo y reemplaza todos mis gestos:
el beso de un camello, la zanahoria de un camello
hacen que olvides el abrazo de mis caderas urgentes.
Pero siempre marcha y quién sabe qué lugar mañana.
Y ya lo ves mujer: donde hubo una gran carpa de colores
ríe tu soledad desde lejos
Besémonos y toquémonos primero
y vemos qué pasa;
en una de esas ocurre el milagro
y no pasa nada.
Voy al manzano a cosechar metonimias
del verano, pronósticos del invierno,
letreros a la muerte.
Voy al manzano para estar triste.
A morir como una hoja.
A llorar verde como una planta.
Al encuentro de esa lección otoñal
de estar seco justo a tiempo.
agarrar un piano y tocarlo con el codo
que salgan golpes desde el odio de la cuerdas
que vea un cerro y se vaya a su punta
en un alud de emociones negras
y todo en la inocencia del instrumento